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Educación y pobreza
La relación entre la educación y la pobreza es una relación construida. No es obvia o “natural”, no obstante la idea muy difundida acerca de que la educación es una de las formas privilegiadas de evitar y/o salir de la pobreza. Las ideas de pobreza y de educación son constructos asociados a supuestos e intenciones sociales que responden a los intereses de diversos grupos sociales específicos. El propósito de este artículo es dar cuenta de cómo se construye la relación educación y pobreza, específicamente en la investigación educativa, y de cuáles son las consecuencias prácticas de esa elaboración.
La relación entre educación y pobreza (REP) está constituida en la cotidianidad por una idea ampliamente generalizada en el imaginario social de nuestra sociedad. Una expresión que resume ese imaginario es “La educación es una vía hacia una mejor manera de vivir”. Tal idea consiste en términos generales en estimar como un bien de gran importancia a la educación, en tanto base, medio sine qua non y forma privilegiada de conseguir una posición económica y social más elevada dentro del conjunto social.
Vale aclarar que en esta idea se entiende “educación” como “escolarización”.
Quizá el problema central al que se enfrentan de diversos modos quienes tratan de construir una relación entre la educación y la pobreza sea la dificultad de asociar directamente la una con la otra.
La pobreza frecuentemente se define o reconoce en base a consideraciones de carácter económico, según diferentes enfoques y planteamientos El método más usado, aunque también más criticado, es la definición de los pobres a partir de la construcción de una “línea de pobreza” en base a encuestas de hogares, requerimientos mínimos de nutrición, construcción de “canastas” alimentarias básicas y valoración de las mismas, y factores de desarrollo humano tales como escolarización, acceso a la cultura y alfabetismo. Quienes no posean los mínimos establecidos en esa “línea” son considerados “pobres”.
Lo más cercano a una teoría educativa de la pobreza es la hipótesis -entendida a modo de guía de la acción- relacionada con la noción de “calidad educativa” que interroga acerca de si la acción educativa “entrega” los elementos necesarios para conseguir la promesa primera de “educarse” y de la consecuente “vida mejor” imaginada como resultado de ese “educarse”. Lo común entre quienes estudian la REP es dar por supuesto que el hecho “estar educado” contribuye per se a disminuir la pobreza, aunque no explican en detalle cómo se da en los hechos esa contribución: proporcionan mediciones y comparaciones con base estadística, que muestran que los escolarizados son los que tienen acceso a niveles de ingreso altos. Otra forma común es mostrar que los pobres con más frecuencia reciben, o están expuestos a recibir, una educación de mala calidad.
Ante este escenario surge la siguiente cuestión: ¿hemos de ubicar la carencia de educación como una consecuencia de ser pobre? ¿O como una causa? ¿El no educado será pobre mientras no se eduque? ¿Es acaso posible que no exista relación entre educación y pobreza?
Durante los últimos años se ha ido consolidando en América latina un proceso de incorporación de la educación media al ciclo de educación obligatoria. Al revisar cuán lejos están los países de alcanzar esta meta, se observa una distribución de la educación que presenta diferencias tanto entre los países como a lo largo de la geografía de cada país. En algunos países existen zonas “de elite” donde se puede acceder a la educación avanzada, mientras que en el resto de la extensión se presentan muchas dificultades de acceso a la educación. En contraposición a esta imagen, hay países donde se encuentran zonas focalizadas que no pueden insertarse en la tradición educativa del país. Aquí se observa la extensión geográfica del país integrada conviviendo con focos que están al margen de esta tradición. Se forman entonces dos imágenes de ruptura, una ruptura por arriba, donde la educación avanzada existe solamente en algunas zonas; y otra ruptura por abajo, en forma de focos que no logran insertarse a la tradición educativa de un país, zonas en donde el acceso está vedado, y que por lo tanto se van aislando. Los interrogantes que surgen entonces son: ¿De qué procesos están dando cuenta estas distintas distribuciones geográficas? ¿Qué factores podrían estar obstaculizando o favoreciendo el desarrollo de la educación a lo largo de todo el espacio geográfico del país?
Autor desconocido.
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